Toda traducción de la Biblia empieza con una decisión que la mayoría de los lectores nunca ven: qué texto traducir. Como la Biblia se copió a mano durante siglos, no hay dos manuscritos de cierta extensión que sean exactamente iguales. Antes de que un traductor pueda preguntar qué significa una frase, alguien tiene que preguntar qué dice la frase. La disciplina que responde a esa pregunta se llama crítica textual.

«Crítica» no significa aquí buscarle defectos a la Biblia. Significa juicio cuidadoso, como en «crítica literaria». La crítica textual se practica con todo texto antiguo que se conserva en más de una copia, desde Homero y Virgilio hasta la Biblia. Su objetivo es recuperar, con la mayor aproximación posible, la forma más antigua del texto que permiten los datos.

La materia prima

Para el Nuevo Testamento, los críticos textuales trabajan con tres tipos de datos:

  • Manuscritos griegos: papiros, códices de pergamino en letras mayúsculas (mayúsculos), manuscritos posteriores en una pequeña letra cursiva (minúsculos) y leccionarios, que ordenan pasajes para leerlos en el culto. Hay catalogados más de 5.800.
  • Traducciones antiguas, o versiones: latinas, siríacas, coptas y, más tarde, armenias, georgianas, etíopes, góticas y otras. Algunas se hicieron en los siglos II y III, a partir de manuscritos griegos más antiguos que la mayoría de los que se conservan.
  • Citas en los primeros escritores cristianos, los «Padres de la Iglesia», que citaron el Nuevo Testamento tan ampliamente que, como se dice a menudo, buena parte de él podría reconstruirse solo a partir de sus escritos. Sus citas pueden fecharse y situarse geográficamente, aunque a veces citaban de memoria.

Para el Antiguo Testamento, los principales testimonios son los manuscritos masoréticos, los Rollos del Mar Muerto, el Pentateuco samaritano y las traducciones antiguas: la Septuaginta griega, los Targumim arameos, la Peshitta siríaca y la Vulgata latina. Cada uno se describe en otro artículo de esta serie.

Datos externos: sopesar los testimonios

La primera pregunta se refiere a los propios manuscritos. ¿Qué lectura respaldan los testimonios más fiables?

No se trata de contar. Si cien manuscritos se copiaron todos de un mismo antepasado tardío, cuentan como un testimonio, no como cien. Como dijo el crítico textual F. J. A. Hort, el conocimiento de los documentos debe preceder al juicio final sobre las lecturas. Los críticos se preguntan:

  • ¿Qué antigüedad tiene? Los manuscritos más antiguos han pasado por menos generaciones de copia en las que acumular errores, aunque un manuscrito antiguo puede ser descuidado y uno tardío puede conservar un texto antiguo.
  • ¿Qué calidad tiene? Algunos escribas y algunos manuscritos son demostrablemente más exactos que otros.
  • ¿Qué extensión tiene? Una lectura que se encuentra en testimonios antiguos de varias regiones, por ejemplo Egipto, Siria y el Occidente latino, tiene menos probabilidades de ser un error local que una que aparece en una sola región.
  • ¿Qué parentesco tiene? Los manuscritos que comparten muchos errores característicos probablemente descienden de un antepasado común. Agruparlos en familias permite a los críticos rastrear las lecturas hacia atrás.

En los siglos XIX y XX, los estudiosos agruparon los manuscritos del Nuevo Testamento en grandes tipos de texto: el «alejandrino», asociado a Egipto y representado por el Códice Vaticano, el Códice Sinaítico y muchos papiros; el «occidental», representado por el Códice de Beza y la Vetus Latina; y el «bizantino», la forma que se encuentra en la gran mayoría de los manuscritos medievales posteriores. La mayoría de los críticos consideran que el texto alejandrino es en general el más cercano al original, y el bizantino un texto posterior, pulido y normalizado, aunque a menudo conserva también lecturas antiguas. Estudios recientes han cuestionado que los «tipos de texto» sean la mejor manera de describir los datos, pero los términos siguen usándose mucho.

Datos internos: ¿qué habría hecho el escriba?

La segunda pregunta se refiere a las lecturas. ¿Cuál explica mejor las demás? Aquí los críticos aplican lo que saben sobre cómo trabajaban los escribas y cómo escribían los autores.

La probabilidad transcripcional se pregunta qué solía hacer un escriba. Los escribas tendían a:

  • facilitar las lecturas difíciles, de modo que la lectura más difícil suele ser la original. El estudioso del siglo XVIII Johann Albrecht Bengel lo resumió en una famosa frase latina que suele citarse como proclivi scriptioni praestat ardua: «la lectura difícil debe preferirse a la fácil»;
  • armonizar pasajes paralelos, de modo que la lectura que difiere del paralelo suele ser la original;
  • añadir palabras aclaratorias, como nombres y títulos;
  • saltarse palabras por accidente, como se describe en Cómo se equivocaban los escribas.

Una regla más antigua decía que en general debe preferirse la lectura más breve, porque los escribas tendían a añadir. El estudio de James Royse sobre los primeros papiros mostró que sus escribas en realidad omitían con más frecuencia de la que añadían, y hoy la regla se aplica con mucha más cautela.

La probabilidad intrínseca se pregunta qué solía escribir el autor, dados su vocabulario, su estilo, su teología y el contexto inmediato.

Estas consideraciones no siempre apuntan en la misma dirección. Una lectura puede ser «más difícil» simplemente porque es un error. Por eso la crítica textual es cuestión de juicio, no de reglas mecánicas, y por eso los mejores críticos sopesan todos los datos juntos. El principio que lo resume, una vez más, es: elegir la lectura que mejor explica el origen de las demás.

Una breve historia

Erasmo publicó el primer Nuevo Testamento griego impreso en 1516, usando un puñado de manuscritos tardíos que tenía a su alcance en Basilea. Ediciones impresas posteriores, como las de Stephanus y Beza, se basaron en su trabajo, y el texto resultante llegó a llamarse Textus Receptus, el «texto recibido», que está detrás de la versión King James (véase De los manuscritos a las Biblias impresas).

Desde el siglo XVII en adelante, estudiosos como John Mill (1707), Bengel (1734), Johann Jakob Wettstein (1751–52) y Johann Jakob Griesbach (1774–75) reunieron datos de más manuscritos y más antiguos, y desarrollaron los principios descritos arriba. Karl Lachmann (1831) fue el primero en abandonar por completo el Textus Receptus como base y construir un texto directamente a partir de los testimonios más antiguos. Constantin von Tischendorf descubrió y publicó muchos manuscritos, entre ellos el Códice Sinaítico, y produjo una monumental octava edición (1869–72).

En 1881, los estudiosos de Cambridge Brooke Foss Westcott y Fenton John Anthony Hort publicaron The New Testament in the Original Greek, con una exposición detallada de su método. Su texto, basado sobre todo en el Vaticano y el Sinaítico, marcó la dirección del siglo siguiente.

En el siglo XX, la edición Nestle-Aland (Novum Testamentum Graece), hoy en su 28.ª edición (2012), y el muy afín Nuevo Testamento griego de las Sociedades Bíblicas Unidas se convirtieron en los textos de referencia para estudiosos y traductores. El Nuevo Testamento griego de la SBL (2010), editado por Michael Holmes, y el Nuevo Testamento griego de Tyndale House (2017) son ediciones críticas independientes que llegan a resultados muy parecidos.

Las computadoras y el CBGM

El avance más reciente es la Editio Critica Maior, una edición monumental que preparan el Instituto para la Investigación Textual del Nuevo Testamento de Münster y sus socios, y que registra íntegramente las lecturas de un conjunto amplio y representativo de manuscritos. Junto a ella, Gerd Mink desarrolló el Método Genealógico Basado en la Coherencia (CBGM, por sus siglas en inglés), que usa computadoras para analizar las relaciones entre los textos en miles de unidades de variación, incluso cuando se desconocen los árboles genealógicos físicos de los manuscritos. Tommy Wasserman y Peter Gurry han descrito el método para no especialistas. Los resultados de la Editio Critica Maior para las Cartas Católicas dieron lugar a unas pocas decenas de cambios en la 28.ª edición de Nestle-Aland, y el trabajo continúa con Hechos, Marcos, Juan y Apocalipsis.

La crítica textual del Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento tiene sus propios retos. Como el texto masorético se transmitió con tanto cuidado, y como la mayoría de los demás testimonios son traducciones, los críticos del Antiguo Testamento suelen partir del texto masorético, normalmente el Códice de Leningrado, y registrar dónde otros testimonios pueden conservar mejores lecturas. Las ediciones de la Biblia Hebraica (BHS y BHQ) y el Proyecto Bíblico de la Universidad Hebrea siguen este enfoque. Un proyecto más reciente, The Hebrew Bible: A Critical Edition, intenta reconstruir un texto anterior, libro por libro, como hacen las ediciones del Nuevo Testamento.

Lo que la crítica textual puede y no puede hacer

La crítica textual no puede producir los autógrafos originales. Lo que sí puede producir es un texto que, en la inmensa mayoría de los lugares, está respaldado por los datos más antiguos y mejores, y un registro claro de los lugares donde los datos están divididos. Las ediciones críticas señalan esos lugares, y las buenas traducciones mencionan los importantes en sus notas.

Open Word Bible traduce el Nuevo Testamento a partir del Nuevo Testamento griego de la SBL y el Antiguo Testamento a partir del Códice de Leningrado de Westminster. Donde nos apartamos de esos textos, o donde una variante afecta al sentido, el registro de razonamiento de la frase lo dice, nombra los testimonios y explica la elección. La crítica textual es, en el fondo, la disciplina de mostrar las pruebas, y también lo es este proyecto.

Fuentes

  • Aland, Kurt, y Barbara Aland. The Text of the New Testament: An Introduction to the Critical Editions and to the Theory and Practice of Modern Textual Criticism. 2.ª ed. Traducido por Erroll F. Rhodes. Grand Rapids: Eerdmans, 1989.
  • Epp, Eldon Jay, y Gordon D. Fee. Studies in the Theory and Method of New Testament Textual Criticism. Grand Rapids: Eerdmans, 1993.
  • Holmes, Michael W., ed. The Greek New Testament: SBL Edition. Atlanta: Society of Biblical Literature; Bellingham, WA: Logos Bible Software, 2010.
  • Metzger, Bruce M., y Bart D. Ehrman. The Text of the New Testament: Its Transmission, Corruption, and Restoration. 4.ª ed. New York: Oxford University Press, 2005.
  • Parker, D. C. An Introduction to the New Testament Manuscripts and Their Texts. Cambridge: Cambridge University Press, 2008.
  • Tov, Emanuel. Textual Criticism of the Hebrew Bible. 3.ª ed. Minneapolis: Fortress, 2012.
  • Wasserman, Tommy, y Peter J. Gurry. A New Approach to Textual Criticism: An Introduction to the Coherence-Based Genealogical Method. Atlanta: SBL Press; Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2017.
  • Westcott, B. F., y F. J. A. Hort. The New Testament in the Original Greek: Introduction and Appendix. Cambridge and London: Macmillan, 1881.
  • Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909 (dominio público), salvo donde el artículo ofrece su propia traducción literal.