Intenten copiar a mano una página de texto, con cuidado, y luego pidan a alguien que la compare con el original. A menos que tengan mucha práctica, probablemente encontrarán algunos errores: una palabra omitida, una línea saltada, una letra equivocada, quizá una palabra que estaban seguros de haber visto pero que no estaba. Los escribas antiguos tenían mucha más práctica que la mayoría de nosotros, pero eran humanos, y cometían el mismo tipo de errores.
Eso puede sonar preocupante. En realidad, es una de las razones por las que podemos recuperar el texto con confianza. Los errores de copia siguen patrones reconocibles. Una vez que se conocen los patrones, a menudo se puede ver exactamente cómo se produjo un error y qué lectura fue la primera. Este artículo describe los principales tipos de error, con ejemplos de ambos Testamentos.
Errores de la vista
La mayoría de los errores de copia se producen cuando la mirada del escriba pasa del ejemplar a la nueva copia.
Saltos: mismo final, mismo comienzo
El error grave más común lo provocan dos palabras o líneas que terminan (o empiezan) de la misma manera. El escriba copia hasta la primera, vuelve a mirar el ejemplar y la vista se posa en la segunda. Todo lo que hay entre ambas se pierde. Cuando lo causan finales parecidos, se llama homeoteleuton («mismo final»); con comienzos parecidos, homeoarcton. El término general para omitir algo por accidente es haplografía («escribir una vez»).
Un ejemplo claro del Nuevo Testamento es 1 Juan 2:23: «Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera que confiese al Hijo tiene también al Padre.» En griego, ambas mitades terminan con las mismas palabras, «al Padre». Muchos manuscritos posteriores saltan del primer «al Padre» al segundo y omiten la segunda mitad del versículo. Varios de los textos griegos impresos en el siglo XVI carecían de ella. Los traductores de la versión King James de 1611 incluyeron las palabras, pero las imprimieron en cursiva, el tipo de letra que usaban para las palabras de las que no estaban seguros o que habían añadido ellos.
Un ejemplo del Antiguo Testamento es 1 Samuel 14:41. En el texto masorético, la oración de Saúl es muy breve: literalmente, «Da una suerte perfecta» (la Reina-Valera 1909 traduce «Da perfección»). La Septuaginta griega tiene una oración mucho más larga, que en una traducción literal dice: «SEÑOR Dios de Israel, ¿por qué no has respondido hoy a tu siervo? Si la culpa está en mí o en mi hijo Jonatán, da Urim; pero si está en tu pueblo Israel, da Tumim.» El texto más largo contiene «Israel» dos veces; la vista de un escriba parece haber saltado del primero al segundo, dejando caer las palabras intermedias. Muchas traducciones modernas, como la NRSV, la NIV y la ESV, restituyen la lectura más larga.
Repeticiones
El error contrario es la ditografía («escribir dos veces»): la vista vuelve a un punto ya copiado, y se repite una letra, una palabra o una línea. Suelen ser fáciles de detectar y corregir, porque producen disparates evidentes.
Letras que se parecen
Algunas letras se confunden con facilidad, sobre todo en un ejemplar desgastado o mal escrito. En la escritura hebrea cuadrada, dalet y resh, que solo se diferencian por una diminuta esquina, son notoriamente parecidas, igual que waw y yod. Un resultado puede verse comparando pasajes paralelos del Antiguo Testamento. Génesis 10:4 nombra a un nieto de Jafet como «Dodanim»; la lista paralela de 1 Crónicas 1:7 tiene «Rodanim» en hebreo. La única diferencia es una dalet o una resh. La Septuaginta y el Pentateuco samaritano respaldan «Rodanim» también en Génesis, y el nombre puede referirse a los habitantes de Rodas.
En los manuscritos griegos escritos en mayúsculas y sin espacios entre las palabras, ciertas letras podían confundirse, y las palabras podían dividirse por el lugar equivocado. Una ristra continua de letras a veces admite dos divisiones, y los escribas tenían que decidir cuál era la buena.
Errores del oído y de la memoria
Palabras que suenan igual
A veces los escribas escribían al dictado, y a veces pronunciaban las palabras en voz baja mientras copiaban. En ambos casos, podían confundirse palabras que sonaban igual. En el griego tardío, varias vocales y diptongos llegaron a pronunciarse igual, un proceso llamado itacismo. En particular, las palabras griegas para «nosotros» y «ustedes» sonaban casi igual, y se intercambian constantemente en los manuscritos.
Un ejemplo famoso es Romanos 5:1. Algunos manuscritos dicen «tenemos paz para con Dios», otros «tengamos paz para con Dios». Las dos palabras griegas difieren solo en una vocal, una o breve o una o larga, que se pronunciaban igual. Aquí la lectura «tengamos» tiene de hecho un fuerte respaldo antiguo, pero la mayoría de los estudiosos piensan que «tenemos» encaja mejor con el argumento de Pablo y es la original. Es un buen ejemplo de cómo los críticos textuales deben sopesar tanto los manuscritos como el contexto.
Memoria y familiaridad
Los escribas que conocían bien la Biblia podían escribir lo que recordaban en lugar de lo que tenían delante. Esto es especialmente frecuente en los Evangelios, donde los pasajes paralelos invitan a la armonización. El caso más conocido es el Padrenuestro. La versión de Lucas (Lucas 11:2–4) es más breve que la de Mateo (Mateo 6:9–13): empieza simplemente con «Padre», y carece de «hágase tu voluntad» y de «líbranos del mal». Muchos manuscritos posteriores de Lucas añaden esas frases, ajustando a Lucas al Mateo más conocido. La versión King James, traducida de esos manuscritos, tiene la forma más larga en Lucas.
Del mismo modo, la doxología «porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén» al final de Mateo 6:13 no aparece en los manuscritos más antiguos de Mateo. Aparece en una forma parecida en el manual eclesiástico del siglo II llamado Didajé, y parece haberse añadido a partir de su uso en el culto.
Cambios hechos a propósito
No todos los cambios fueron accidentales. A veces un escriba alteraba deliberadamente el texto, por lo general con buena intención, para corregir lo que parecía un error o para aclarar el sentido.
Corregir un error aparente. Marcos 1:2–3 introduce una cita, en los manuscritos más antiguos, con «Como está escrito en Isaías el profeta», pero la cita combina palabras de Malaquías 3:1 con Isaías 40:3. Muchos manuscritos posteriores cambian la introducción por «Como está escrito en los profetas», lo que evita la aparente dificultad. Los manuscritos más antiguos tienen «en Isaías el profeta», y eso es casi con seguridad lo que escribió Marcos.
Aclarar. Los escribas a veces añadían un nombre o una palabra para hacer más clara una frase: «Jesús dijo» donde el original tenía solo «dijo», o «el Señor» donde el original tenía solo «él». Estas adiciones suelen ser fáciles de detectar, porque distintos manuscritos añaden distintas aclaraciones en distintos lugares.
Cambios teológicos. En un pequeño número de lugares, los escribas parecen haber cambiado la redacción por razones teológicas, por ejemplo para proteger o subrayar una creencia sobre Cristo. Bart Ehrman ha sostenido en The Orthodox Corruption of Scripture que esos cambios eran más frecuentes de lo que se creía. Otros estudiosos piensan que exagera. En cualquier caso, estos cambios pueden detectarse, precisamente porque tenemos tantos manuscritos que comparar.
Errores difíciles de ver
Algunos errores dejan el texto gramatical y con sentido. Un ejemplo es 1 Tesalonicenses 2:7. Pablo dice que él y sus compañeros fueron o bien «tiernos entre ustedes» o bien «niños pequeños entre ustedes». Las dos palabras griegas difieren en una sola letra, la n, y la palabra anterior termina con esa misma letra. Un escriba podía fácilmente añadirla u omitirla. Los manuscritos más antiguos dicen en su mayoría «niños pequeños», pero muchos estudiosos piensan que «tiernos» encaja mejor con la comparación siguiente con una madre que cría. Las traducciones se dividen, y algunas mencionan ambas. Es el tipo de cuestión que requiere un juicio cuidadoso, y en la que las traducciones honestas muestran su razonamiento.
Cómo los detectamos
¿Cómo podemos saber, en un caso concreto, qué lectura es la original y cuál el error? El principio básico es este: la lectura que mejor explica cómo surgieron las demás es probablemente la original.
- Si una lectura pudo producir fácilmente la otra mediante un salto entre finales parecidos, la lectura más larga es probablemente la original.
- Si una lectura parece una armonización con un pasaje paralelo, la lectura que difiere es probablemente la original.
- Si una lectura parece la corrección de un escriba ante una dificultad, la lectura más difícil es probablemente la original.
Estos principios se aplican junto con los datos de los propios manuscritos: su antigüedad, la calidad de sus escribas y la extensión de una lectura en distintas regiones. Esa combinación es el método de la crítica textual, descrito en Cómo funciona la crítica textual.
Lo importante es que la mayoría de los errores dejan huellas. Con miles de manuscritos que comparar, un error cometido en una copia normalmente no estará en muchas otras. Los errores de cada escriba no desaparecen; se detectan, y se convierten en pruebas.
Fuentes
- Ehrman, Bart D. The Orthodox Corruption of Scripture: The Effect of Early Christological Controversies on the Text of the New Testament. 2.ª ed. New York: Oxford University Press, 2011.
- McCarter, P. Kyle, Jr. Textual Criticism: Recovering the Text of the Hebrew Bible. Philadelphia: Fortress, 1986.
- Metzger, Bruce M. A Textual Commentary on the Greek New Testament. 2.ª ed. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 1994.
- Metzger, Bruce M., y Bart D. Ehrman. The Text of the New Testament: Its Transmission, Corruption, and Restoration. 4.ª ed. New York: Oxford University Press, 2005. Capítulo 7.
- Royse, James R. Scribal Habits in Early Greek New Testament Papyri. Leiden: Brill, 2008.
- Tov, Emanuel. Textual Criticism of the Hebrew Bible. 3.ª ed. Minneapolis: Fortress, 2012. Capítulo 4.
- Wegner, Paul D. A Student’s Guide to Textual Criticism of the Bible: Its History, Methods and Results. Downers Grove, IL: InterVarsity, 2006.
- Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909 (dominio público), salvo donde el artículo ofrece su propia traducción literal.