Los documentos originales del Nuevo Testamento, las cartas que Pablo dictó y los Evangelios tal como sus autores los terminaron, desaparecieron hace mucho. Las copias más antiguas que tenemos están escritas en papiro, casi todas halladas en Egipto, y la mayoría son fragmentos. Se les llama papiros del Nuevo Testamento, y se numeran con una P (a menudo escrita en letra gótica) seguida de un número, en el orden en que se catalogaron: P1, P2, etc. El Instituto para la Investigación Textual del Nuevo Testamento de Münster, que lleva la lista oficial, tiene registrados más de 140.
Este artículo presenta los más importantes, explica cómo se fechan y se pregunta qué pueden decirnos y qué no.
P52: el fragmento famoso
En 1934, un joven estudioso llamado Colin Roberts estaba clasificando papiros comprados en Egipto para la John Rylands Library de Mánchester. Encontró un pequeño fragmento, de unos 9 por 6 centímetros, escrito por ambas caras. En una cara había partes de Juan 18:31–33, las palabras de Pilato a los dirigentes judíos; en la otra, partes de Juan 18:37–38, la pregunta de Pilato: «¿Qué cosa es verdad?»
Roberts lo publicó en 1935 y lo fechó, comparando su escritura con documentos fechados, en la primera mitad del siglo II. Otros papirólogos destacados estuvieron de acuerdo. P52, como se le numeró, se hizo famoso como el fragmento más antiguo conocido del Nuevo Testamento, y como prueba de que el Evangelio de Juan, que suele fecharse en la década de los 90 d. C., había llegado a Egipto y se copiaba pocas décadas después de escribirse.
Esa afirmación todavía se repite a menudo, pero exige cautela. En 2005, Brent Nongbri volvió a examinar las comparaciones de escritura y sostuvo que la letra de P52 tiene paralelos cercanos en documentos de finales del siglo II e incluso de comienzos del III. Una fecha de «hacia el año 125 d. C.», concluyó, es posible, pero no se puede dar por segura. En 2012, Pasquale Orsini y Willy Clarysse, en una revisión de las fechas de todos los manuscritos antiguos del Nuevo Testamento, situaron P52 en el intervalo 125–175 d. C. P52 sigue siendo uno de los manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento, quizá el más antiguo, pero debería describirse como «del siglo II», no como fechado con precisión.
Cómo se fechan los papiros
Esto lleva a un punto importante. Muy pocos manuscritos antiguos llevan fecha. Los estudiosos los fechan sobre todo mediante la paleografía, el estudio de la escritura a mano. Los estilos de escritura cambian con el tiempo, así que una letra literaria sin fecha puede compararse con documentos fechados (cartas, contratos, recibos) escritos en estilos parecidos.
La paleografía es una verdadera destreza y da resultados reales, pero tiene límites. Los escribas formados en una época podían seguir escribiendo del mismo modo durante décadas; los estilos se solapan; y las letras literarias cambian más despacio que las documentales. La mayoría de los especialistas creen hoy que las fechas paleográficas deberían darse normalmente como un intervalo de cincuenta años o más, y Nongbri, en God’s Library (2018), aboga por intervalos aún más amplios. Otros datos pueden ayudar: dónde y junto a qué se encontró el manuscrito, el formato del libro y, en ocasiones, la datación por radiocarbono, aunque esta exige destruir un pequeño trozo y también da un intervalo.
Así que cuando lean que un manuscrito data de «hacia el año 200 d. C.», entiéndanlo como «probablemente en algún momento de finales del siglo II o del siglo III». Eso sigue siendo muy temprano para los criterios de la literatura antigua.
Los papiros Chester Beatty
A comienzos de la década de 1930, el magnate minero y coleccionista estadounidense Alfred Chester Beatty adquirió un grupo de códices de papiro en el mercado de antigüedades de Egipto. Entre ellos había tres de los manuscritos antiguos más importantes del Nuevo Testamento, publicados por Frederic Kenyon entre 1933 y 1937. La mayoría están hoy en la Chester Beatty Library de Dublín, con algunas hojas en Míchigan y en Viena.
- P45 es un códice de los cuatro Evangelios y Hechos, del siglo III. Solo se conservan partes de treinta hojas, de unas 220 originales. Muestra que los cuatro Evangelios ya se encuadernaban juntos en un solo libro, junto con Hechos.
- P46 es un códice de las cartas de Pablo, que suele fecharse hacia el año 200 d. C. Se conservan ochenta y seis hojas, unas tres cuartas partes del original. Contiene Romanos, Hebreos, 1 y 2 Corintios, Efesios, Gálatas, Filipenses, Colosenses y 1 Tesalonicenses, en ese orden. Que Hebreos aparezca justo después de Romanos muestra que la iglesia primitiva de Egipto la contaba entre las cartas de Pablo. Las cartas pastorales (1–2 Timoteo y Tito) parecen no haberse incluido, aunque las hojas que faltan hacen que esto sea incierto.
- P47 contiene parte del Apocalipsis, del siglo III.
Los papiros Bodmer
En la década de 1950, el coleccionista suizo Martin Bodmer adquirió otra notable colección de papiros procedentes de Egipto, probablemente del mismo hallazgo en el Alto Egipto. Entre ellos:
- P66, un códice de Juan, que suele fecharse hacia el año 200 d. C. y conserva la mayor parte de los catorce primeros capítulos. Su escriba cometió muchos errores y corrigió muchos de ellos, lo que lo convierte en una valiosa ventana a cómo se copiaba.
- P72, del siglo III o IV, la copia más antigua conocida de 1 y 2 Pedro y de Judas, encuadernada en un códice misceláneo con otros escritos cristianos.
- P75, un códice de Lucas y Juan, que suele fecharse hacia el 175–225 d. C. Está escrito con cuidado, y su texto es extremadamente cercano al del Códice Vaticano, copiado más de un siglo después.
La coincidencia de P75 con el Vaticano fue uno de los descubrimientos más importantes de los estudios del Nuevo Testamento en el siglo XX. Antes de su hallazgo, algunos estudiosos pensaban que el texto del Vaticano era fruto de una revisión erudita del siglo IV. P75 mostró que el mismo texto ya existía, y se copiaba con exactitud, más de un siglo antes. En 2007, P75 fue donado a la Biblioteca Vaticana, donde hoy se encuentra cerca del propio Vaticano.
Como P52, P66 y P75 han sido examinados de nuevo. Nongbri ha sostenido que ambos podrían ser incluso del siglo IV. Otros estudiosos defienden las fechas tradicionales. El debate es sano, y es una buena razón para no exagerar la precisión de ninguna fecha concreta.
Los papiros de Oxirrinco
Muchos papiros más pequeños proceden de Oxirrinco, la ciudad egipcia cuyos antiguos basureros excavaron desde 1896 Bernard Grenfell y Arthur Hunt. La colección de Oxirrinco, en su mayor parte en Oxford, se sigue publicando, volumen a volumen, más de un siglo después. Sus fragmentos del Nuevo Testamento incluyen algunas de las copias más antiguas de Mateo, Juan, Romanos, Hebreos y Apocalipsis.
Una advertencia: el «Marcos del siglo I»
En 2012 se anunció, en debates públicos y conferencias, que se había encontrado un fragmento del Evangelio de Marcos del siglo I, que pronto se publicaría. La noticia se difundió ampliamente. Cuando el fragmento se publicó por fin en 2018, como P137 (P.Oxy. 83.5345), sus editores lo fecharon a finales del siglo II o comienzos del III. Es un valioso fragmento antiguo, pero no es del siglo I. Las investigaciones que siguieron plantearon serias dudas sobre cómo se habían manejado y vendido algunos papiros de Oxirrinco.
La lección es sencilla: las afirmaciones sobre manuscritos antiguos sensacionales deben esperar a su publicación por editores cualificados y a la revisión académica. Los datos que ya tenemos son lo bastante sólidos como para no necesitar nunca exageraciones.
Lo que nos dicen los papiros
En conjunto, los primeros papiros muestran varias cosas.
- Difusión temprana. Hacia el año 200 d. C., y en algunos casos antes, se leían y copiaban en Egipto, lejos de donde se escribieron, copias de los Evangelios, de Hechos, de las cartas de Pablo y de otros libros.
- Colecciones. Los cuatro Evangelios se encuadernaban juntos, las cartas de Pablo se encuadernaban juntas, y los Evangelios se encuadernaban con Hechos.
- Estabilidad textual. El texto de los primeros papiros, aunque contiene los errores de copia habituales y una variedad de lecturas, es reconociblemente el mismo texto que se encuentra en los manuscritos posteriores. Los estudiosos que lo han examinado, como los autores de The Early Text of the New Testament (2012), no encuentran indicios de una forma temprana radicalmente distinta de los libros del Nuevo Testamento.
- Lecturas valiosas. En pasajes concretos, los papiros respaldan una lectura frente a otra, y están entre los testimonios más importantes de las ediciones críticas en que se basan las traducciones modernas.
Los papiros no nos llevan hasta los autores. Sigue habiendo un intervalo, aunque breve, entre la escritura de los libros y las copias más antiguas. Ese intervalo no lo salva ningún manuscrito por sí solo, sino la coincidencia de muchos testimonios independientes, como explican artículos posteriores de esta serie.
Fuentes
- Hill, Charles E., y Michael J. Kruger, eds. The Early Text of the New Testament. Oxford: Oxford University Press, 2012.
- Kenyon, Frederic G. The Chester Beatty Biblical Papyri. 8 fascículos. London: Emery Walker, 1933–1958.
- Nongbri, Brent. “The Use and Abuse of P52: Papyrological Pitfalls in the Dating of the Fourth Gospel.” Harvard Theological Review 98 (2005): 23–48.
- Nongbri, Brent. God’s Library: The Archaeology of the Earliest Christian Manuscripts. New Haven: Yale University Press, 2018.
- Orsini, Pasquale, y Willy Clarysse. “Early New Testament Manuscripts and Their Dates: A Critique of Theological Palaeography.” Ephemerides Theologicae Lovanienses 88 (2012): 443–474.
- Roberts, C. H. An Unpublished Fragment of the Fourth Gospel in the John Rylands Library. Manchester: Manchester University Press, 1935.
- Royse, James R. Scribal Habits in Early Greek New Testament Papyri. Leiden: Brill, 2008.
- Instituto para la Investigación Textual del Nuevo Testamento (INTF), Kurzgefasste Liste en línea: ntvmr.uni-muenster.de/liste.
- Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909 (dominio público), salvo donde el artículo ofrece su propia traducción literal.