Si quieres saber exactamente qué dice el texto hebreo del Antiguo Testamento, ¿dónde buscas? No en los Rollos del Mar Muerto, por valiosos que sean: en su mayoría son fragmentos, y difieren entre sí. Los especialistas y los traductores recurren en cambio a dos libros medievales, escritos ambos por los escribas más cuidadosos de la tradición masorética, y ambos con historias notables. Son el Códice de Alepo y el Códice de Leningrado.

Un códice es simplemente un libro con páginas, a diferencia de un rollo. Los rollos de la Torá para la lectura en la sinagoga tenían que ser rollos, sin vocales ni notas. Pero para el estudio y para conservar la tradición masorética completa, los escribas produjeron desde aproximadamente el siglo IX grandes códices de toda la Biblia, con vocales, acentos y la masora en los márgenes.

El Códice de Alepo: la corona

El Códice de Alepo se escribió en Tiberíades hacia el año 930 d. C. Sus consonantes las copió un escriba llamado Shlomo ben Buya’a, y sus vocales, acentos y notas masoréticas los añadió Aarón ben Moisés ben Asher, el más famoso de todos los masoretas. Era un códice modelo, pensado para ser la copia de autoridad con la que pudieran cotejarse las demás.

Pronto se le reconoció como tal. En el siglo XII, el gran erudito Maimónides lo vio en Egipto y lo usó para resolver cuestiones sobre la disposición de la Torá. En su código legal describe el libro en el que se apoyó como el «conocido en Egipto, que contiene los veinticuatro libros, y que estuvo en Jerusalén», corregido por Ben Asher, y dice que «todos confiaban en él» (Mishné Torá, Leyes de los tefilín, la mezuzá y el rollo de la Torá 8:4). La mayoría de los especialistas identifica ese libro con el Códice de Alepo.

Hacia finales del siglo XIV, el códice fue llevado a Alepo, en Siria, donde se guardó durante casi seiscientos años en la gran sinagoga de la ciudad. La comunidad lo llamaba el Kéter, «la Corona». Se custodiaba con tanto celo que a pocos estudiosos de fuera se les permitió verlo, y mucho menos fotografiarlo.

1947 y después

En diciembre de 1947, después de que las Naciones Unidas votaran la partición de Palestina, estallaron disturbios en Alepo. La sinagoga fue incendiada. Durante un tiempo se temió que el códice se hubiera destruido. En realidad, buena parte había sobrevivido, pero cuando llegó a Israel en 1958, sacado de Siria de contrabando, faltaba una gran parte. Sobreviven unas 295 de sus hojas originales, aproximadamente el 60 por ciento. Casi toda la Torá se ha perdido: el texto conservado empieza en Deuteronomio 28. Algunas de las hojas que faltan quizá se quemaron; otras muy probablemente fueron sustraídas durante los disturbios o después. Desde entonces han salido a la luz unas pocas hojas sueltas. La historia completa, incluidas las disputas sobre cómo llegó el códice a Israel, la cuentan Hayim Tawil y Bernard Schneider en Crown of Aleppo y, de forma más crítica, el periodista Matti Friedman en The Aleppo Codex.

El Códice de Alepo se guarda hoy en el Museo de Israel, en Jerusalén, y hay fotografías de alta resolución disponibles gratuitamente en internet. Es la base del Proyecto Bíblico de la Universidad Hebrea, una importante edición crítica, y de varias ediciones israelíes de la Biblia hebrea, como la edición Corona de Jerusalén. Para las partes perdidas, los editores se apoyan en otros manuscritos de la misma tradición, sobre todo en el Códice de Leningrado.

El Códice de Leningrado: completo y fechado

El Códice de Leningrado se terminó en el año 1008 d. C. (su colofón da también la fecha en otros sistemas, que apuntan a 1008 o 1009). Lo escribió en El Cairo un escriba llamado Samuel ben Jacob, que copió las consonantes y añadió él mismo las vocales, los acentos y la masora. Su colofón dice que corrigió el códice según libros preparados por Aarón ben Moisés ben Asher.

Es el manuscrito completo más antiguo de la Biblia hebrea que se conserva. Contiene los veinticuatro libros del canon hebreo (los treinta y nueve del Antiguo Testamento protestante) en 491 hojas de pergamino. Contiene también dieciséis «páginas tapiz», páginas decoradas con diseños geométricos formados en parte por diminutas notas masoréticas escritas siguiendo patrones.

En el siglo XIX, el códice fue adquirido por el coleccionista caraíta Abraham Firkovich, y en 1863 llegó, con su colección, a la Biblioteca Pública Imperial de San Petersburgo, hoy Biblioteca Nacional de Rusia, donde sigue. Su signatura es Firkovich B 19 A. La ciudad se llamó Leningrado durante la época soviética, y el nombre se quedó.

Por qué se convirtió en el estándar

A comienzos del siglo XX, el erudito alemán Rudolf Kittel y su colaborador Paul Kahle preparaban una edición crítica de la Biblia hebrea, la Biblia Hebraica. Las dos primeras ediciones, de 1906 y 1913, se basaban en la Biblia rabínica impresa en Venecia en 1524-25, un texto impreso compuesto a partir de manuscritos tardíos. Kahle sostenía que sería mucho mejor basar la edición en un manuscrito de la auténtica tradición de Ben Asher. El Códice de Alepo estaba fuera de alcance en Siria; el Códice de Leningrado estaba disponible. La tercera edición de la Biblia Hebraica (1937) fue la primera Biblia hebrea impresa que lo reprodujo.

Desde entonces, el Códice de Leningrado ha sido la base de:

  • la Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS, 1967-1977), durante décadas la Biblia hebrea de referencia para estudiantes y traductores;
  • la Biblia Hebraica Quinta (BHQ), su sucesora, que se publica libro por libro desde 2004;
  • el Códice de Leningrado de Westminster (WLC, por sus siglas en inglés), una transcripción digital de libre acceso producida primero en el Westminster Theological Seminary y mantenida por el J. Alan Groves Center, que a su vez sustenta proyectos abiertos como la Open Scriptures Hebrew Bible y MACULA Hebrew.

En 1998 se publicó un facsímil fotográfico completo, editado por David Noel Freedman y otros, para que cualquiera pudiera comprobar las ediciones impresas con el propio manuscrito.

¿Hasta qué punto se parecen?

Muchísimo. Los especialistas que han comparado el Códice de Leningrado con el Códice de Alepo en los libros donde ambos se conservan encuentran que coinciden casi por completo en sus consonantes y en muy gran medida en sus vocales y acentos. Donde difieren, el Códice de Alepo se considera en general el representante más preciso de la tradición de Ben Asher; el Códice de Leningrado tiene más correcciones y alguna incoherencia ocasional, algunas de las cuales pueden deberse a que Samuel ben Jacob ajustó un texto anterior al modelo de Ben Asher (Würthwein y Fischer 2014). Mordechai Breuer, que preparó una edición basada en el Códice de Alepo y en manuscritos afines, encontró que las diferencias están sobre todo en pequeños detalles de vocales y acentos.

Para el lector de una traducción, estas diferencias casi nunca cambian el sentido. Lo que muestra la comparación es que dos manuscritos, escritos con unos ochenta años de diferencia y en ciudades distintas, conservan el mismo texto con una precisión extraordinaria, y que ambos coinciden de cerca con los rollos «protomasoréticos» del desierto de Judea escritos casi mil años antes.

Por qué Open Word Bible usa el Códice de Leningrado

Open Word Bible traduce el Antiguo Testamento a partir del Códice de Leningrado de Westminster, con datos palabra por palabra de MACULA Hebrew y de la Open Scriptures Hebrew Bible. Hay tres razones.

  • Está completo. Están todos los libros y todos los versículos, de un solo manuscrito, así que no hace falta coser fuentes entre sí.
  • Es el estándar académico. Es el texto que está detrás de la BHS y la BHQ, que consultan casi todas las traducciones modernas, de modo que nuestras decisiones pueden compararse directamente con las suyas.
  • Es abierto. El WLC es de dominio público, así que nuestros datos hebreos pueden compartirse con la misma libertad que nuestra traducción.

El registro de razonamiento de cada frase muestra el hebreo exactamente como lo dan los datos del WLC. Donde los especialistas creen que el texto masorético tiene un problema y que debe preferirse otro testigo antiguo, la decisión se registra y se explica, como se describe en nuestros artículos sobre el método.

Fuentes

  • Freedman, David Noel, Astrid B. Beck y James A. Sanders, eds. The Leningrad Codex: A Facsimile Edition. Grand Rapids: Eerdmans; Leiden: Brill, 1998.
  • Friedman, Matti. The Aleppo Codex: A True Story of Obsession, Faith, and the Pursuit of an Ancient Bible. Chapel Hill: Algonquin Books, 2012.
  • Goshen-Gottstein, Moshe H. “The Aleppo Codex and the Rise of the Massoretic Bible Text.” Biblical Archaeologist 42 (1979): 145–163.
  • Maimónides. Mishné Torá, Leyes de los tefilín, la mezuzá y el rollo de la Torá 8:4.
  • Tawil, Hayim, y Bernard Schneider. Crown of Aleppo: The Mystery of the Oldest Hebrew Bible Codex. Philadelphia: Jewish Publication Society, 2010.
  • Tov, Emanuel. Textual Criticism of the Hebrew Bible. 3.ª ed. Minneapolis: Fortress, 2012.
  • Würthwein, Ernst, y Alexander Achilles Fischer. The Text of the Old Testament: An Introduction to the Biblia Hebraica. 3.ª ed. Grand Rapids: Eerdmans, 2014.
  • El Códice de Alepo en internet: aleppocodex.org.
  • Las citas bíblicas son de la Reina-Valera 1909 (dominio público), salvo donde el artículo ofrece su propia traducción literal.