Abre casi cualquier Biblia inglesa moderna por sus primeras páginas y encontrarás un aviso de derechos de autor, seguido a menudo de un párrafo de permisos: cuántos versículos pueden citarse sin pedir permiso, qué línea de crédito debe usarse y a quién escribir para algo más. A veces los lectores se sorprenden. Los textos hebreos y griegos son antiguos, y la Biblia está hecha para leerse y compartirse. ¿Cómo puede alguien ser su dueño?

La respuesta breve es que nadie es dueño de la Biblia, pero alguien es dueño de cada una de sus traducciones. Este artículo explica cómo funciona eso, por qué los patrocinadores y los editores conservan sus derechos, y por qué el sistema tiene críticos.

Qué protegen los derechos de autor

En la mayoría de los países, los derechos de autor nacen automáticamente cuando alguien crea una obra original. No hace falta registrarla, y en virtud del Convenio de Berna, al que se han adherido la mayoría de los países, la protección se reconoce internacionalmente. El plazo es largo: por lo general, la vida del autor más setenta años, y en Estados Unidos noventa y cinco años desde la publicación para las obras hechas por empleados o encargadas como «works made for hire» («obras por encargo»), una categoría que puede incluir las traducciones encargadas por una entidad patrocinadora.

Los textos antiguos en sí no están protegidos. Isaías y Pablo quedan muy lejos de cualquier plazo de derechos de autor. Pero una traducción es una obra nueva. Cada frase inglesa refleja decisiones de vocabulario, orden y estilo que tomaron los traductores, y la ley protege esa expresión. También protege el trabajo editorial de las ediciones modernas de los textos en las lenguas originales: un Nuevo Testamento griego crítico, cuyos editores eligieron entre las lecturas de los manuscritos y redactaron un aparato crítico, puede tener derechos de autor aunque cada una de sus palabras sea antigua (véase Cómo la crítica textual recupera el texto).

Los derechos de autor protegen la redacción, no las ideas ni los hechos. Cualquiera puede adoptar la interpretación que una traducción da de un versículo; lo que no puede hacer es reproducir extensamente sus frases exactas sin permiso.

No es algo nuevo

El control sobre la Biblia inglesa es más antiguo que los derechos de autor modernos. Durante siglos, la impresión de la versión King James en Inglaterra fue un privilegio real, y en el Reino Unido lo sigue siendo (véase ¿De quién es la versión King James?). Cuando apareció la American Standard Version en 1901, su editorial, Thomas Nelson & Sons, registró sus derechos de autor; Christianity Today la ha descrito como la primera traducción de la Biblia con derechos de autor en Estados Unidos. Esos derechos expiraron hace mucho. La Revised Standard Version de 1952 quedó protegida a nombre de la entidad que la patrocinó, que llegó a ser el Consejo Nacional de Iglesias de Cristo en Estados Unidos. Los derechos de autor han sido la condición normal de las nuevas Biblias inglesas durante más de un siglo.

Por qué los patrocinadores conservan sus derechos

La integridad del texto. La razón que más a menudo dan los editores es el control sobre lo que aparece con el nombre de una traducción. Si cualquiera pudiera imprimir un texto alterado y llamarlo NIV o ESV, los lectores no podrían confiar en que una Biblia con ese nombre dice lo que escribieron los traductores. Los derechos de autor, junto con la protección de los nombres de las traducciones como marcas registradas, permiten al propietario rechazar ediciones alteradas o descuidadas. Algunas traducciones abiertas alcanzan el mismo objetivo por otros medios. La World English Bible está en el dominio público, y su prefacio solo pide a los usuarios que «maintain the integrity of God’s Word before God, and reserve the name ‘World English Bible’ for faithful copies of this translation» («mantengan la integridad de la Palabra de Dios delante de Dios, y reserven el nombre “World English Bible” para copias fieles de esta traducción»).

Pagar el trabajo. Una gran traducción exige años de trabajo de decenas de estudiosos, además de estilistas, revisores y editores, y se revisa cada diez o veinte años (véase Cómo se hace una traducción moderna). Los derechos de autor dan a los patrocinadores una forma de recuperar esos costes con la venta de Biblias impresas, aplicaciones y licencias, en lugar de depender por completo de donativos.

Financiar otros trabajos. En varias traducciones, los ingresos por licencias sostienen un ministerio más amplio. Biblica, antes Sociedad Bíblica Internacional, tiene los derechos de autor de la NIV y la concede bajo licencia a editoriales comerciales: Zondervan (parte de HarperCollins Christian Publishing) en Norteamérica y Hodder & Stoughton en el Reino Unido. Zondervan y Biblica han dicho que los ingresos de las ventas de la NIV ayudan a financiar el trabajo de traducción de Biblica en otras lenguas. La Lockman Foundation, una organización sin ánimo de lucro propietaria de la NASB y de la Amplified Bible, financia su trabajo con licencias. Crossway, propietaria de la ESV, es a su vez un ministerio editorial sin ánimo de lucro. Los derechos de autor de la NRSV pertenecen al Consejo Nacional de Iglesias, que la concede bajo licencia a muchas editoriales.

El modelo editorial

El sistema habitual separa al propietario de una traducción de las editoriales que la venden. El propietario, a menudo una fundación sin ánimo de lucro o una entidad eclesiástica, conserva los derechos de autor y encarga las revisiones. Las editoriales pagan por el derecho a producir ediciones: Biblias de estudio, Biblias para tomar notas, Biblias infantiles, de letra grande, en audio y en todo tipo de encuadernación. Las regalías vuelven al propietario. Por eso la popularidad de una traducción importa económicamente, y también lo ampliamente disponible que esté en aplicaciones y en internet.

La distribución digital sigue el mismo patrón. Los sitios web y las aplicaciones obtienen licencias de los textos de sus propietarios. Bible Gateway, por ejemplo, muestra traducciones con licencia de sus editoriales. Servicios como API.Bible ofrecen a los desarrolladores acceso a muchas traducciones con derechos de autor, gratis para algunos usos no comerciales y con cuotas mensuales para otros, mientras que algunas traducciones no se ofrecen en absoluto para uso comercial. Las condiciones varían según la traducción y cambian con el tiempo.

Qué se puede citar sin pedir permiso

La mayoría de los propietarios conceden un permiso general para citar cantidades limitadas sin escribirles, siempre que se incluya una línea de crédito. Estos permisos generales difieren de una traducción a otra y han cambiado con los años. En el momento de escribir este artículo incluían:

  • NIV (Biblica). Hasta 500 versículos sin permiso escrito, siempre que no lleguen a formar un libro completo de la Biblia y no constituyan el 25 por ciento o más del texto total de la obra en que se citan.
  • ESV (Crossway). Hasta 500 versículos, siempre que no superen la mitad de un libro y no constituyan el 25 por ciento o más de la nueva obra. Ediciones anteriores de la ESV imprimían un permiso más generoso de 1.000 versículos. Las condiciones de Crossway exigen además permiso para citarla en comentarios y otras obras de consulta bíblica.
  • NASB (Lockman Foundation). Las ediciones antiguas de la NASB permitían 500 versículos y el 25 por ciento de la obra; las condiciones más recientes de la Fundación permiten hasta 1.000 versículos, siempre que no formen un libro completo ni más de la mitad de la obra.
  • NET Bible (Biblical Studies Press). Un uso libre generoso para el estudio personal, la enseñanza y el ministerio no comercial, según lo que sus editores llaman una política de «ministry first» («el ministerio primero»); la publicación comercial requiere licencia.

Usos mayores, como imprimir un Evangelio completo, una Biblia completa en una aplicación o un comentario que cita todo el texto, requieren una licencia, que puede implicar un pago. Quien planee un uso así debe leer las condiciones vigentes del propietario en lugar de fiarse de un resumen, porque cambian.

Los derechos de autor y otras lenguas

Los efectos se notan con más fuerza fuera del inglés. Muchas traducciones a lenguas minoritarias se hacen a partir de una traducción en una gran lengua «puente», como el inglés, el francés, el suajili o el portugués, junto con las notas y ayudas para traductores que la acompañan. Si esos textos fuente tienen derechos de autor, un equipo de traducción o una iglesia local puede necesitar permiso, y a veces pagar, antes de poder adaptarlos. Una traducción a una lengua emparentada puede contar legalmente como obra derivada.

En un reportaje de Christianity Today de 2016 sobre esta cuestión, el presidente de Pioneer Bible Translators llamó a los derechos de autor «one of the greatest remaining challenges we have» («uno de los mayores desafíos que nos quedan»). Incluso las traducciones terminadas plantean preguntas. Una Biblia en una lengua minoritaria suele tener derechos de autor a nombre de la sociedad bíblica o la agencia que la publicó, lo que puede limitar cómo pueden imprimirla, grabarla o publicarla en internet las iglesias locales. Muchas agencias conceden hoy esas traducciones con licencias libres a través de bibliotecas digitales compartidas, pero los permisos siguen teniendo que gestionarse.

Las críticas

Los críticos del modelo de derechos de autor plantean varios argumentos:

  • El texto pertenece a la iglesia. Muchos sostienen que la Escritura, y los dones de los estudiosos que la traducen, no deberían cercarse. Tim Jore, defensor de los recursos con licencia abierta para la traducción bíblica, que ha trabajado con Wycliffe Associates y unfoldingWord, expuso extensamente esta postura en The Christian Commons, donde sostiene que las restricciones legales impiden que los recursos para el discipulado lleguen a las iglesias que más los necesitan.
  • Los donantes a menudo ya han pagado. Gran parte del trabajo de traducción se financia con donativos. Los críticos preguntan por qué los resultados deberían venderse después a las mismas personas a las que esos donativos querían servir.
  • Los permisos lo retrasan todo. Los creadores de aplicaciones, los profesores, los proyectos de grabación y los traductores pierden tiempo negociando licencias, y algunos proyectos se abandonan.
  • La integridad puede protegerse de otras maneras. Las marcas registradas, las peticiones de copia fiel y las sumas de verificación publicadas pueden proteger el nombre de una traducción sin restringir su texto.

Sus defensores responden que sin un modelo de ingresos las revisiones no se financiarían y la calidad se resentiría; que los derechos de autor impiden ediciones distorsionadas; que la mayoría de los propietarios ya permiten una cita libre generosa; y que muchas editoriales conceden licencias gratuitas para el uso ministerial en los países más pobres. Las editoriales citadas en el mismo reportaje de Christianity Today defendieron su práctica y discutieron partes de la versión de los críticos.

Un panorama que cambia

El panorama está cambiando. Varias traducciones se han liberado al dominio público o con licencias abiertas, y algunas de las mayores agencias bíblicas han publicado textos en grandes lenguas con licencias Creative Commons. Esos avances se describen en Biblias de dominio público y abiertas.

Open Word Bible es uno de los proyectos que eligieron de otra manera. Su traducción, sus notas y sus datos se dedican al dominio público bajo CC0, de modo que cualquiera puede citarlos, imprimirlos, adaptarlos o traducirlos sin pedir permiso (véase ¿Por qué otra traducción de la Biblia?). Traduce a partir de textos fuente con licencia abierta y de dominio público, el Nuevo Testamento griego de la SBL y el Códice de Leningrado de Westminster, y usa las traducciones con derechos de autor solo para comparar, nunca como base de su redacción. Sus borradores se hacen con ayuda de IA y siguen sin revisar hasta que los aprueban revisores humanos con nombre. La decisión tiene un coste: no hay ingresos por licencias para pagar el trabajo.

Fuentes

  • Biblica. “Permissions” (normas de cita de la NIV). biblica.com.
  • Crossway. “Permissions Requests” (normas de cita de la ESV). crossway.org.
  • The Lockman Foundation. “Permission to Quote: Copyright and Trademark Information.” lockman.org.
  • Biblical Studies Press. “NET Bible Copyright” y declaración “Ministry First”. netbible.com.
  • Jore, Tim. The Christian Commons: Ending the Spiritual Famine of the Global Church.
  • “Releasing God’s Word: Do Copyrights Help or Hurt Bible Translation?” Christianity Today, julio/agosto de 2016.
  • Griffin, Jesse A., y Todd L. Price. “Unrestricted Original Language Resources.” HIPHIL Novum 5, n.º 2 (2019): 86–96.
  • World English Bible. Prefacio. eBible.org.
  • Este artículo no cita ningún texto bíblico con derechos de autor; la cita del prefacio de la World English Bible es de dominio público y se da en inglés con su traducción.