Todo traductor se enfrenta a la misma elección muchas veces en cada página. ¿Debo seguir las palabras y la estructura del original tan de cerca como mi lengua lo permita, para que los lectores vean lo que el autor escribió realmente? ¿O debo decir lo que el autor quiso decir como lo diría un hablante nativo de mi lengua, para que los lectores entiendan sin esfuerzo?
Las dos respuestas tienen argumentos sólidos, y el debate entre ellas tiene más de dos mil años. Este artículo lo recorre, desde la antigua Roma hasta la teoría moderna de la traducción, y explica cómo lo aborda Open Word Bible.
Un ejemplo
Tomemos 1 Pedro 1:13. Una versión palabra por palabra del griego empieza: «habiendo ceñido los lomos de vuestra mente». La versión King James conservó la imagen: «gird up the loins of your mind» («ceñid los lomos de vuestra mente»), y también la Reina-Valera 1909: «teniendo los lomos de vuestro entendimiento ceñidos». La imagen es la de un hombre que se remete la túnica larga en el cinturón para poder trabajar o correr. Para un lector antiguo era viva. Para la mayoría de los lectores modernos resulta desconcertante. La World English Bible da en cambio el sentido:
Therefore prepare your minds for action, be sober, and set your hope fully on the grace that will be brought to you at the revelation of Jesus Christ— (1 Pedro 1:13)
(«Por tanto, preparen su mente para la acción, sean sobrios y pongan su esperanza por completo en la gracia que se les traerá en la revelación de Jesucristo»). El primer enfoque conserva la imagen y pide al lector que la entienda. El segundo da el significado y pierde la imagen. Ninguno tiene simplemente razón.
Cicerón, Horacio y Jerónimo
La pregunta ya era conocida en la antigua Roma, donde la gente culta traducía literatura griega al latín. Hacia el año 46 a. C. el orador Cicerón escribió que, al traducir dos discursos griegos, había trabajado «como orador», no como un simple intérprete, conservando la fuerza y el estilo de las palabras en lugar de contarlas una a una (Sobre el mejor género de oradores 14). El poeta Horacio, en su Arte poética, aconsejaba a los escritores no traducir palabra por palabra como un servil «intérprete fiel».
Cuatro siglos después, Jerónimo, el traductor de la Vulgata latina (véase Jerónimo y la Vulgata latina), citó a ambos. En su Carta 57, defendiendo una traducción que había hecho, declaró que traducía «no palabra por palabra, sino sentido por sentido» (non verbum e verbo, sed sensum exprimere de sensu). Pero hizo una excepción: la Sagrada Escritura, dijo, «donde hasta el orden de las palabras es un misterio». Así, la declaración antigua más famosa a favor de la traducción del sentido contiene también el argumento más famoso a favor de traducir la Biblia palabra por palabra. En la práctica, señalan los estudiosos, la propia traducción bíblica de Jerónimo fue a menudo más libre de lo que esa excepción sugiere.
Lutero y Tyndale
Con la Reforma, la pregunta se volvió urgente, porque las traducciones estaban ahora pensadas para la gente común. Martín Lutero, en su Carta abierta sobre la traducción (1530), dijo que para aprender a hablar alemán no hay que preguntar a las letras latinas, sino a la madre en la casa, a los niños en la calle y al hombre común en el mercado, y fijarse en cómo hablan. Defendió su añadido de «solo» en Romanos 3:28 en parte porque el alemán natural lo exigía, aunque sus críticos vieron en el añadido una intención teológica (véase Lutero y la Biblia alemana). Sin embargo, Lutero dijo también, en una defensa de su traducción de los Salmos, que a veces había conservado exactamente la redacción original, incluso contra el alemán natural, donde mucho dependía de ello.
William Tyndale quería que un muchacho que guía el arado entendiera la Biblia, y su Nuevo Testamento se escribió en un inglés llano y vigoroso (véase William Tyndale y el Nuevo Testamento inglés). Los traductores de la versión King James, en su prefacio «The Translators to the Reader» («Los traductores al lector»), explicaron que deliberadamente no se habían atado «to an uniformity of phrasing, or to an identity of words» («a una uniformidad de expresión, ni a una identidad de palabras»), y usaron distintas palabras inglesas para la misma palabra griega o hebrea donde el sentido lo permitía. Muchos traductores posteriores, incluidos los revisores de 1881, lo consideraron un error; el debate sobre la coherencia de los términos sigue hoy.
Los dos caminos de Schleiermacher
En 1813 el teólogo alemán Friedrich Schleiermacher dio en Berlín una conferencia sobre los diferentes métodos de traducir. Sostuvo que en realidad solo hay dos. O el traductor deja al autor en paz en lo posible y mueve al lector hacia el autor, o deja al lector en paz y mueve al autor hacia el lector. Schleiermacher prefería el primero: una traducción debe hacer sentir a los lectores que están leyendo algo extranjero.
Su distinción ha revivido en la teoría moderna, por ejemplo con Lawrence Venuti, que llama a los dos caminos «extranjerizante» y «domesticador» y sostiene que la traducción domesticadora oculta la extrañeza de otras culturas.
Eugene Nida y la equivalencia dinámica
La formulación moderna más influyente del enfoque centrado en el sentido vino de Eugene Nida, lingüista de la Sociedad Bíblica Americana (véase La traducción a todos los idiomas, hoy). En Toward a Science of Translating (1964) distinguió la equivalencia formal, que se centra en la forma y el contenido del mensaje mismo, de la equivalencia dinámica, que busca el equivalente natural más cercano, de modo que los lectores de hoy respondan al mensaje sustancialmente igual que los lectores originales. En The Theory and Practice of Translation (1969), escrito con Charles Taber, sostuvo que una traducción debe juzgarse por si los lectores comunes la entienden correctamente.
Las ideas de Nida marcaron cientos de traducciones en lenguas de todo el mundo, y en inglés la Good News Bible. Como «dinámica» se entendía a menudo como permiso para parafrasear, él y Jan de Waard prefirieron más tarde el término equivalencia funcional (From One Language to Another, 1986).
Propósitos y contextos
Teóricos posteriores ampliaron la pregunta. La teoría del escopo (skopos), desarrollada por Katharina Reiss y Hans Vermeer en la década de 1980, sostiene que el método adecuado depende del propósito de la traducción: un texto para la lectura pública, una edición de estudio y una Biblia infantil pueden diferir con razón. Christiane Nord añadió el principio de lealtad: sea cual sea su propósito, una traducción no debe falsear las intenciones del autor.
Ernst-August Gutt, consultor de traducción que aplicó la teoría de la relevancia a la traducción, sostuvo que el significado siempre depende del contexto, que los lectores de un texto antiguo no comparten. Una traducción puede intentar dar el significado en términos del contexto del propio lector, o intentar conservar lo más posible del original y esperar que los lectores aprendan el contexto, quizá con ayuda de notas. Gutt llamó a lo segundo «traducción directa». Según él, la elección no es entre exactitud y libertad, sino entre dos maneras distintas de comunicar.
Los críticos
La traducción centrada en el sentido ha tenido críticos firmes. Leland Ryken, estudioso de la literatura, defendió en The Word of God in English (2002) lo que llamó traducción «esencialmente literal». Sostuvo que la equivalencia dinámica interpreta por el lector, elimina ambigüedades que el original deja abiertas, aplana rasgos literarios como la metáfora y la repetición, y hace imposible saber dónde termina el texto y dónde empieza el traductor.
Los defensores de la traducción centrada en el sentido, como Gordon Fee y Mark Strauss, respondieron que toda traducción interpreta, que las traducciones literales pueden inducir a error al usar palabras inglesas de maneras que ningún hablante de inglés entendería, y que un lector que entiende mal una frase de apariencia exacta no ha recibido el original. Cada parte tiene algo de razón. Mucho depende del lector y del propósito, como dice la teoría del escopo.
Un significado, tres niveles
Open Word Bible no intenta zanjar esta discusión eligiendo un bando. Da cada frase en tres niveles: Literal, que sigue la redacción y el orden del original hasta donde el español lo permite; Equilibrada, que se lee como español actual y natural sin alejarse del original; y Sencilla, que usa un lenguaje llano y explica los modismos (véase Literal, Equilibrada, Sencilla: tres niveles, un solo significado). Este es 1 Pedro 1:13 en los borradores actuales:
Por lo cual, con los lomos de su mente ceñidos, siendo sobrios, pongan plenamente la esperanza en la gracia que les es traída en [la] revelación de Jesucristo.
Así que preparen su mente para la acción y conserven la lucidez. Que toda su esperanza descanse en la gracia que viene hacia ustedes cuando Jesucristo sea revelado.
Por eso, tengan la mente lista para actuar, y piensen con claridad. Que toda su esperanza esté puesta en la gracia que Dios les va a dar el día en que Jesucristo sea revelado.
Lo que mantiene unidos los niveles es la regla de que nunca difieren en significado. Las decisiones sobre lo que significa el griego o el hebreo se toman una sola vez, se registran con sus alternativas y razones, y todos los niveles las siguen. Solo cambia la redacción. Eso responde a una de las principales preocupaciones de Ryken: el lector siempre puede ver dónde ha habido interpretación, porque cada decisión figura en el registro de razonamiento de la frase (véase Mostrar el trabajo: qué es un registro de razonamiento). Y responde a la de Nida: quien necesita un lenguaje llano puede tenerlo sin que se le cuele un significado distinto.
Dentro de una frase
El registro de razonamiento de 1 Pedro 1:13 muestra cómo se reparte el trabajo. La imagen de ceñirse los lomos recibe una decisión de significado: ceñirse los lomos era remeterse la túnica larga en el cinturón para trabajar, correr o viajar. Israel comió la primera Pascua vestido así, listo para salir de Egipto (Éxodo 12:11), y Pedro aplica la imagen a la mente. Esa decisión dice lo que significa la expresión, para todos los niveles y todos los idiomas.
Una decisión de redacción aparte, propia de cada idioma, dice cómo lo muestra cada nivel. La Literal conserva la imagen, porque quien estudia el texto quiere verla. La Equilibrada dice «preparen su mente para la acción» y la Sencilla «tengan la mente lista para actuar» (en inglés, «brace your minds for action» y «get your minds ready to act»), porque los lectores de hoy no llevan túnicas atadas con un cinturón. El lector de la Literal no se queda con un enigma, porque la decisión de significado está junto a la frase. El lector de la Sencilla no recibe una conjetura, porque la redacción llana sale de la misma decisión.
El mismo versículo encierra un problema más difícil. El adverbio griego τελείως (teleiōs, «completamente») está entre «siendo sobrios» y «esperad», y podría ir con cualquiera de los dos: «sed completamente sobrios» o «esperad completamente». El griego puede dejarlo donde está. El español, como el inglés, tiene que colocarlo en algún sitio, y lo mismo toda traducción, literal o libre. La versión King James lo unió a la esperanza («hope to the end», «esperad hasta el fin»), igual que la World English Bible («set your hope fully», «pongan su esperanza por completo») y la Reina-Valera 1909 («esperad perfectamente»). Open Word Bible también, pero su registro marca la decisión como incierta, dice que los datos están casi igualados y da la otra lectura en una nota al pie. Esta es la respuesta honesta a la preocupación de Ryken por la ambigüedad perdida. Donde una lengua obliga a elegir, el traductor elige, y luego le dice al lector que se hizo una elección.
Los problemas de redacción son propios de cada idioma. En español, el verbo natural para «tener esperanza», esperar, también significa «aguardar», y un mandato en plural se oiría casi siempre como «¡esperen!», es decir, «¡aguarden!». Por eso los borradores en español lo dicen con el sustantivo esperanza, el término clave, en todos los niveles. La decisión de significado no cambió. Solo cambiaron las palabras en español.
Largo de ira
La Biblia hebrea está llena de imágenes así. Cuando Dios pasa ante Moisés en Éxodo 34:6, se le llama אֶ֥רֶךְ אַפַּ֖יִם, literalmente «largo de narices». El hebreo imaginaba la ira como una nariz que arde, así que una nariz «larga» tarda en encenderse. La versión King James dijo «longsuffering» («longánimo»), una palabra que conserva la longitud pero pierde la nariz. La World English Bible dice «slow to anger» («lento para la ira»), como la Reina-Valera 1909, «tardo para la ira». En inglés, el nivel Literal de Open Word Bible conserva «long of anger» («largo de ira»), y la Equilibrada dice:
The LORD passed in front of Moses and called out, “The LORD, the LORD, a God of tender compassion and grace, slow to grow angry, rich in faithful love and in truth,
Aquí los niveles muestran su propósito con claridad. Quien encuentra «largo de ira» aprende cómo piensa el hebreo sobre la ira y puede seguir la expresión en Proverbios 14:29 y 16:32. Quien encuentra «slow to grow angry» («lento para enojarse») entiende enseguida. Los dos leen la misma decisión: paciente, lento para castigar. Y los dos pueden seguir la nota del registro según la cual estas palabras se convirtieron en la confesión de Israel sobre quién es Dios, con ecos en Números 14:18, Salmos 103:8, Joel 2:13 y Jonás 4:2.
Una objeción
Un escéptico reflexivo podría decir que tres niveles son simplemente tres traducciones con una promesa añadida. Pero la promesa importa, porque se puede comprobar. Cada nivel se redacta a partir de la misma lista escrita de decisiones de significado, y quien encuentre un nivel que diga algo que las decisiones no dicen ha encontrado un error, no una diferencia de estilo. Eso es más difícil de hacer entre tres traducciones separadas, donde las decisiones de cada equipo en su mayoría no están escritas.
El enfoque tiene límites. Tres niveles no pueden abarcar todos los propósitos posibles, y decidir qué cuenta como significado y qué como redacción es en sí un juicio que los revisores pueden discutir. Los borradores se hacen con ayuda de IA y ninguno ha sido revisado todavía. Pero la esperanza del proyecto es que, al mostrar su razonamiento, permita a los lectores tomar parte en la discusión más antigua de la traducción en lugar de limitarse a recibir sus resultados.
Fuentes
- Cicerón. De optimo genere oratorum (Sobre el mejor género de oradores) 14–23.
- Jerónimo. Carta 57, a Pamaquio, «Sobre el mejor modo de traducir».
- Luther, Martin. Sendbrief vom Dolmetschen (Carta abierta sobre la traducción), 1530.
- “The Translators to the Reader.” Prefacio de la versión King James, 1611.
- Schleiermacher, Friedrich. “Über die verschiedenen Methoden des Übersetzens.” Conferencia ante la Real Academia de Ciencias, Berlín, 1813.
- Nida, Eugene A. Toward a Science of Translating. Leiden: Brill, 1964.
- Nida, Eugene A., y Charles R. Taber. The Theory and Practice of Translation. Leiden: Brill, 1969.
- Gutt, Ernst-August. Translation and Relevance: Cognition and Context. 2.ª ed. Manchester: St Jerome, 2000.
- Ryken, Leland. The Word of God in English: Criteria for Excellence in Bible Translation. Wheaton, IL: Crossway, 2002.
- Las citas bíblicas en español son de la Reina-Valera 1909 (dominio público); las citas de la versión King James y de la World English Bible, ambas de dominio público, se dan en inglés con su traducción, salvo donde el artículo ofrece su propia traducción literal.